Más allá del entender que el optimismo en la vida es una elección (personal y colectiva), es un camino; preocupa el abordaje casi sin contenidos de esta mirada "optimista".
Los problemas ambientales no inmovilizan, al contrario movilizan, si no nos movilizamos ante todas las injusticias que pasan en el mundo, pues, o somos necios o estamos muertos en vida.
¿Es que todo el mundo está feliz?¿Es que el mundo está tan bien? ¿es que no existen injusticias? ¿ni crisis ambiental? ¿es que no existe un abuso sobre nuestros pueblos? ¿es que no estamos viviendo desde hace más de 500 años un saqueo de los bienes naturales desde los centros de poder?
¿Es que pensar y actuar frente a los problemas ambientales es malo?
¿Y no pensar en problemas es bueno? ¿Bueno para quién? ¿Para los que sufren las problemáticas? ¿O para los poderosos que las causan?
No confundamos optimismo con esperanza
La lucha por transformar este mundo injusto se vive con esperanza siempre, no con positivismo de oficina.
El ambientalista, o sea, el ser humano sensible hacia los atropellos hacia los hombres y al planeta, debe dejar el discurso, debe salir de la burbuja del "todo bien" y embarrarse y luchar por transformar esta realidad.
"Todo hombre verdadero debe sentir en su mejilla el golpe dado a cualquier mejilla de otro hombre". José Martí
Juan Cruz Mendía
Noviembre de 2012


